TUS DECEPCIONES TIENEN QUE VER MÁS CONTIGO QUE CON LOS DEMÁS

TUS DECEPCIONES TIENEN QUE VER MÁS CONTIGO QUE CON LOS DEMÁS

Probablemente seas una de tantas personas que como yo, ha sentido en alguna etapa de la vida “esa sensación de cansancio” tras tanta decepción, frustración o sensación de desengaño. Personas de tu entorno en las que depositaste de un modo u otro, ilusiones, expectativas, cariño, buen trato y sobre todo, tiempo. 


Crees volverte más frío/a, cuesta cada vez más ilusionarse, etcétera, con aquella persona a la que acabas de conocer y te gustaría tal vez, comenzar una relación sentimental o, bien, dar otra oportunidad a esa pareja con la que llevas tiempo luchando por mantener viva vuestra relación. También ocurre a menudo con amistades, familiares o compañeros de trabajo a los que por diversos motivos y circunstancias, les has dado decenas de oportunidades.


Después de tantas decepciones, el agotamiento, la desgana y a veces, la “frialdad” por abrirte una vez más cobra protagonismo. Ya no te apetece escuchar ni una sola vez más los clásicos: “las cosas no son de ese modo…no es como piensas, dame otra oportunidad… ¿y tú?” 


¡Cansa, claro que cansa! Más aún cuando recuerdas que desde el principio, sin saber cómo, sentías de algún modo que no encajarían las piezas con esa persona. Sabías que acabaría así.


Aunque parezca un imposible, existe el modo de evitarlo en un 95% de los casos, sigue leyendo.



¿POR QUÉ SUCEDE ESTO?



Las tres principales razones por la que a menudo sufres decepciones al comprobar que la persona en cuestión no es como pensabas o no actúa como creías, son las siguientes:

 

  • 1- Te conviene obviar la verdad que percibes desde el principio. Las personas emiten cientos de mensajes segundo a segundo, pero ignoras casi todos ellos. La mayoría de ocasiones no prestas atención o dejas pasar lo que no te convienen ver y, de este modo, poder mantener la ilusión de lo que te gustaría que fuese.


  • 2- Evitas la responsabilidad que conlleva abrir la puerta de salida a esa persona al darte cuenta de la realidad: esa persona no te conviene, no suma.


  • 3- Tras dar una y otra oportunidad con el mismo resultado, a pesar de sufrir, llenas el ego de una de las peores sensaciones que existe: El protagonismo derivado del victimismo, lo cual te aporta cierta identidad, una historia que contar a los demás en la que eres protagonista. Recibes la atención de aquellos que escuchan tu triste historia.


Y es que, la decepción es la diferencia entre aquello que esperabas y lo que en realidad es, nada más.


Te imagino mientras lees pensando, “¿cómo puedes responsabilizarme de acciones o palabras de otros/as?” Evidentemente no lo hago, pero sí te responsabilizo porque, entre otras razones: tú lo permites. Atiende.


Todas y cada una de las personas con las que interaccionas diariamente nos informan desde el inicio con total claridad sobre sus intenciones, su forma de ser, sus debilidades, etcétera, aunque sus palabras puedan expresar todo lo contrario. El problema es que desde pequeños nos enseñaron a priorizar el mensaje oral, las palabras, por encima del resto. 


Probablemente nuestros padres no sabían que SOLO el 7% de la información que una persona emite se atribuye a las palabras. Es decir, cuando una persona te dice algo con palabras, apenas tiene importancia. Sus palabras no significan nada sino están apoyadas por los hechos, el lenguaje corporal y el tono de voz adecuado.


No te hablo de nada nuevo. Ya en la década de los sesenta el psicólogo Albert Mehrabian llevó a cabo importantes estudios sobre la importancia del lenguaje no verbal.


El 38% restante del mensaje corresponde a la voz (entonación, proyección, resonancia, tono) y el 55% al lenguaje corporal (gestos, posturas, movimiento de los ojos, respiración, etcétera). Te recomiendo que a partir de ahora dejes de creer lo que te dicen y emplees más atención al resto, ya sabes “las palabras se las lleva el viento”.


No solo emitimos mensajes claros y concisos con la voz, la posición del cuerpo, la expresión de la cara, las palabras, la mirada y los actos, son mensajes claros de lo que una persona es, pretende y espera



“MÁS VALE UN HECHO QUE MIL PALABRAS”



Absolutamente todo lo que hacemos y decimos emite un mensaje: el tipo de programas televisivos que vemos, la música que escuchamos, los libros que leemos, los amigos con quienes pasamos el tiempo, las actividades que realizamos… Todo, hasta las fotos que posteamos en Instagram y las noticias que compartimos en Facebook, expresa mucho de nuestro ser. 


Más vale que prestes atención y estés muy atento/a porque tu capacidad para leer personas mejorará a una velocidad vertiginosa si:


  • 1- Prestas atención a todo este tipo de información.
  • 2- Te comprometes a NO ENGAÑARTE. Acepta toda la información que llega a ti sin obviar las partes que no te interesan, los mensajes que no te convienen.
  • 3- Tomas las decisiones que sean necesarias si el mensaje que percibes no te acaba de encajar, aunque ello conlleve ir en contra de lo que te gustaría que fuese.


Todo esto se graba en tu subconsciente mediante la práctica, quedando grabado en la mente como si de una nueva habilidad automatizada se tratase. Por no hablar de la energía y las vibraciones que emitimos, científicamente comprobado. 


Se han realizado estudios en los que han sido capaces de prever qué médicos tenían más probabilidad de ser demandados por sus pacientes en las próximas semanas, por su lenguaje verbal y no verbal durante los primeros minutos de la consulta.


Así como el estudio que se llevó a cabo años atrás en USA, donde obtuvieron un alto porcentaje de acierto al predecir a qué gobernador votarían los ciudadanos norteamericanos en las elecciones por la presidencia, solo en los treinta primeros segundos de su aparición publica, teniendo en cuenta las distintas formas de emitir mensajes: verbal, corporal, tono de voz, postura, energía, seguridad, etcétera. Increíble pero totalmente cierto.


CÓMO APRENDER A LEER PERSONAS


1- Atiende. Cuando el mensaje que una persona emite es contradictorio en alguna de sus vías de expresión, la mente califica automáticamente a esa persona como incongruente, no adecuada para ti. Más vale que comiences a darte un poco de crédito: escúchate, siéntete cada vez que tengas dudas. Ya sabes, aquello que llaman intuición. En realidad serías capaz de resolver dudas existenciales en solo tres segundos


Aprecia como tu energía fluctúa cuando tratas con distintas personas porque tu mente, cuerpo y alma te están mostrando la realidad desde el inicio. Deja de prestar atención a lo que los demás dicen, sus gestos, actitudes y hechos hablan por sí solos. 


2. Sé responsable con todo lo que ocurre. Probablemente llegues al punto en el que debas aceptar que gran parte de las decepciones que sufres con otros/as proceden de lo que tú has permitido hasta ahora: los mensajes que has recibido y has preferido obviar. Y por supuesto, sé también algo crítico contigo, echa un vistazo al tipo de información que TÚ emites: los temas que sueles discutir, la información y fotos que consumes, la información que compartes en redes sociales, etcétera y comprueba si tiene relación con lo que acontece en tu vida.


3. No esperes nada de nadie. No se trata de perder la ilusión por compartir con otros, por dar y recibir, en absoluto. Se trata de aceptar que nadie, absolutamente nadie te debe nada. Hacemos las cosas desde el corazón, desde nuestra desinteresada intención de dar. 


Puede que duela comprobar cómo aquellos que queremos no nos corresponden del mismo modo que nosotros, pero son libres. Tienen el derecho a darnos en la justa medida e intensidad que ellos deseen, a elegir tener prioridades distintas a nosotros.


Solo cuando aceptamos la realidad tal y como es y, estamos sincronizados con nosotros mismos estaremos en condiciones para percibir los mensajes de los demás. Es el único modo de que consigas de una vez por todas a fluir sin forzar las situaciones.



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