QUÉ HAY TRAS MI IMPACIENCIA

Leer más

QUÉ HAY TRAS MI IMPACIENCIA

Creado por Bossous Bossous el 06-02-2020 17:49

Estoy seguro de que te habrás preguntado ciento de veces: “¿por qué soy tan impaciente?” o expresado otras tantas “¿qué quieres que haga? ¡no lo puedo evitar”… incluso puedo verte desde aquí levantando el dedo índice mientras entonas el mea culpa. Seguro que te estás incluso riendo un poco porque, reconozcámoslo, a veces resultamos hasta graciosos. 


Bromas aparte, si no necesitas más para reconocerte, esto es para ti. 


Este es un artículo claro, sin florituras, certero, muy práctico. A pesar de la introducción desenfadada del inicio, no encontrarás nada curioso o jocoso en las próximas líneas. ¿Mi intención? Mostrarte tres de las principales realidades que escondes tras la impaciencia y que hasta ahora no te habías planteado.


Los fundamentos que te ofrezco a continuación son directos, ya que intento mostrarte los hechos claros, partiendo de la experiencia de una persona que solía ser impaciente años atrás (aquí un humilde servidor) y asimiló con mucha dificultad lo que la impaciencia quería mostrarle.


LAS TRES RAZONES DE LA IMPACIENCIA.

¿Qué escondo tras la impaciencia?


Estas son las tres razones principales por las que posiblemente seas impaciente:


 Puede que el motivo por el que seas impaciente se deba a tu debilidad mental.


Como ya sabrás, cuando deseas conseguir algo concreto en un periodo corto de tiempo la impaciencia comienza a apoderarse de ti a una velocidad abrumadora. Deseas algo, mucho, y tu mente comienza a buscar múltiples posibilidades de conseguirlo a la velocidad de la luz obviando todo lo que acontece a tu alrededor y las posibles consecuencias.


Ciertas conductas incoherentes e impulsivas suelen brotar de ti con facilidad en estas circunstancias, como si no tuvieses el control de lo que te ocurre. Conductas que en muchas ocasiones no solo perturban tu equilibrio físico, también el control emocional (obsesión por obtenerlo cuanto antes, necesidad de controlar la situación, miedo a perder la oportunidad de obtenerlo, dificultad para dormir, ansiedad, agobio, etc). 


Si a todo ello sumas el daño colateral que ocasionas a personas por obtener lo que ansías (falta de consideración con familiares o amistades por exceso de confianza, seres queridos usados a conveniencia…) el escenario no es nada agradable.


¿Qué te lleva a todo ello? Has desarrollado, potenciado y automatizado habilidades para saciar tu sed en momentos de impaciencia en lugar de trabajar y dominar tu capacidad de aguante.


Aguantarse, fastidiarse o “joderse”. Una acción totalmente infravalorada en la actualidad. Una habilidad sencilla pero difícil de asimilar que se encuentra tras el 80% del sufrimiento y el pesar emocional de la población primer mundista.



 La segunda razón por la que posiblemente eres impaciente se debe a que aquello que deseas obtener de inmediato no posee valor alguno. 


Aunque pueda parecer contradictorio el valor de lo que deseas con tanto ahínco es cero, nulo. El cerebro comprende que existe sencillas y diversas posibilidades de conseguir lo que deseas (en tiempo y forma), lo cual te hace desear (que no necesitar) dicho elemento. Un objetivo totalmente accesible.


De lo contrario no sopesarías bajo ningún concepto la posibilidad de obtenerlo de inmediato, ¿acaso te has visto en alguna ocasión ansioso por conseguir en varios días diez millones de euros? Evidentemente no.


Todo lo que ansías con tal deseo y alevosía no suele requerir mucho trabajo. Seamos sinceros, plantearte un objetivo que no requiera paciencia, trabajo y constancia para ser alcanzado difícilmente tendrá valor alguno para ti, aunque puedas creer lo opuesto o tu cuerpo te haga sentir lo contrario. Recuerda, las apariencias engañan y el cerebro aún más. 


Has creído hasta ahora que lo que deseabas impacientemente era importante cuando en realidad, solo buscabas cubrir un vacío emocional. Las sensaciones de impaciencia y deseo nada tenía que ver con la valía que poseía para ti ese objeto, esa persona o ese objetivo a alcanzar, solo se trataba de ti, una vez más. Tú, tus intereses, tus necesidades y la sensación de incomodidad que necesitabas apaciguar con algo o alguien de inmediato.


A continuación, te muestro un ejercicio muy útil para identificar que escondes tras la impaciencia. Es muy sencillo, se trata de registrar y poner cara a la emoción que se esconde tras tu impaciencia. Cada vez que experimentes un cuadro de impaciencia importante, prueba a completar varios minutos después este registro de emociones:


1º ¿Qué deseaba obtener hace unos minutos?:

2º La intensidad con la que sentía la necesidad de obtenerlo era (%):

3º ¿Qué estaba dispuesto a hacer?:

4º En realidad no lo necesitaba, buscaba huir de esta sensación que me incomoda. La sensación es:

5º La próxima vez podría buscar esta alternativa para cubrir la sensación anterior:

6º Ahora que he escrito todo lo anterior, el nivel de intensidad con el que siento la necesidad de conseguir el objetivo que me provocaba impaciencia es… (%):


 La tercera de las posibles razones por las que probablemente eres impaciente, sobre todo a la hora de alcanzar objetivos a medio y largo plazo, es porque mides la consecución de tus objetivos en función de los parámetros de tiempo de los demás.


Es cierto que los seres humanos aprendemos desde la infancia a apreciar miles de referencias del exterior para establecernos en nuestro mundo. Es completamente normal y necesario. No obstante, en cuanto comenzamos a transitar la adolescencia estas referencias comienzan a limitarnos. 


En el caso de la referencia temporal adoptada, tendemos a comparar lo que hacemos con otras personas para ubicarnos y saber si estamos consiguiendo algo dentro de un tiempo razonable o no. Adoptamos la referencia de tiempo procedente de los demás: referencias de tiempo relativas, subjetivas, sesgadas y totalmente irreales, tomadas de aquellos que te rodean y que poseen en el mismo grado de ignorancia e inseguridad que tú.


Lo que no acabamos de entender es que ni tú, ni yo, somos como ninguna de esas personas. Las circunstancias en las que otros han logrado sus objetivos jamás podrán ser las mismas que las tuyas aunque lo parezcan. Entonces ¿qué sentido tiene compararse con otras personas constantemente? Sentirse seguro, nada más. No le des más vueltas.


POR TANTO, POR QUÉ NO A PARTIR DE AHORA…


Podrías comenzar a obviar lo que otros han hecho, en las condiciones que lo hicieron y en el tiempo que necesitaron. Es cierto que deshacerte de estas referencias produce una sensación de inseguridad brutal, de hecho el 99% de la población las emplea día a día. No obstante, si te planteases un objetivo de valor real para ti a medio-largo plazo deberías tener claro que tendrías que hacer lo que el 1% de las personas practican y trabajan a diario, justo todo aquello de lo que la gran mayoría huye:


  • Aguantarte. Hacerlo aceptando la realidad cuando toca.
  • No atender a opiniones de personas a las que no se la hemos pedido, y mucho menos, de aquellas que ya no suman en tu vida.
  • Apostar por ti, por lo que te hace sentir vivo y aceptar las consecuencias. Benditas consecuencias aquellas que derivan de tus decisiones, de tus sueños. Benditas aquellas que provienen de tu esencia y tu valor como ser humano, nunca del miedo.


Contacta con Youmprove

Si deseas obtener más información, resolver alguna duda o simplemente compartir tu caso, hazlo de modo sencillo y sin compromiso, mediante whatsapp, llamada telefónica o rellenando el siguiente formulario.

(+34) 622 656 754