VIEJAS PUERTAS NO LLEVAN A NUEVOS CAMINOS

VIEJAS PUERTAS NO LLEVAN A NUEVOS CAMINOS

¿SEGUNDAS PARTES?

No sé si alguna vez has escuchado la expresión Viejas puertas no llevan a nuevos caminos. En su defecto, puede que sí hayas escuchado segundas partes nunca fueron buenas. Y es así, salvo excepciones. Las segundas y terceras oportunidades no suelen llevar a nada, por mucho que duela reconocerlo. Y es que el dolor no es un medidor de amor, la proporción de dolor no es directamente proporcional al amor o necesidad de algo/alguien.

Aparta esa idea de la cabeza.

Llegó el día en el que algo dentro de ti: tu intuición, tu corazón… Algo dentro de ti indicaba que ya no encajaba, que estaba muerto por mucho que pareciese funcionar o, por mucho que intentases reavivar la llama. Tal vez volviste a intentarlo una y otra vez, ya que no podías identificar lo que te pasaba. No obstante, que no identifiques que te ocurre no significa que no esté ocurriendo.

En muchas ocasiones pueden pasar meses, años e incluso décadas con tu pareja, contentos, disfrutando el uno del otro, acompañados, creciendo juntos, viviendo experiencias. Eso sin duda alguna es algo maravilloso, una bendición. No obstante, aunque todo el gozo y experiencia os ocurra a la par y todo de la mano de tu pareja, cada uno vive, analiza, asume, filtra y absorbe cada experiencia de un modo distinto, en función de su forma de ser y de vivir.

Esto provoca que con el transcurso de los meses y años, sin que nada nada grave deba perturbar vuestra relación, vuestros caminos pueden llegar a diversificarse. En algunos casos, la diferencia o brecha resulta casi inapreciable. En otros casos, la brecha resulta notable pero salvable. En otros, la brecha acaba siendo demasiado importante como para poder sostener ambas manos.

Y es que aunque nunca nos paremos a pensarlo, la persona que conociste ayer no es la que conoces hoy, crecemos a diario.

Por mucho que pueda disgustar, nuestros caminos avanzan centímetro a centímetro a diario, del mismo modo lo hace el camino de tu pareja. Tal vez en cuestión de meses o años, ese centímetro a centímetro hace que vuestros caminos hayan variado en distancia, velocidad o sentido. Y si eso ocurre, por mucho que lo desees, no hay remedio.

Puedes acelerar para ponerte a su ritmo, puedes decelerar y esperar, puedes variar el sentido de tu camino hacia el suyo para encontraros como cuando os conocisteis, pero no funcionará. Además, te perderás aun más. Nunca permitas perderte en el proceso de valorar a otra persona o acabarás perdiendo lo más valioso que tienes, A TI.

 

DÉJALO IR


Entender que forzar una relación de pareja no es la solución es complicado. Lo siguiente es aún más: dejar ir a tu pareja.

Obvio.

Dejar a ir a esa persona en quien depositaste tanta ilusión, tanto amor, tanta pasión y, cómo no, con quien comenzaste un precioso proyecto de vida. Puede incluso resultar dejar ir a una parte de ti. Puede llegar a tratarse de una pérdida como la de un ser querido en ocasiones.

Una vez has sido capaz de dar el paso, comienzan a aparecer las primeras dudas, los primeros planteamientos de volver debido al grave error que has cometido al dejarla ir. Tal vez pienses que te has apresurado, que no has valorado suficiente lo que tenías. Pero no te dejes engañar por tu corazón solitario, sólo has comenzado un camino de desapego, una nueva etapa de tu vida en la que alguien muy querido ha dejado de estar. Esos síntomas son normales y necesarios al principio ¿no pretenderías pasar por este proceso sin sufrir, verdad? Pero recuerda, tenlo siempre presente y si es necesario, tatúatelo:

Deja de buscar la felicidad en el mismo lugar donde la perdiste.

 

DEJA DE BUSCAR LA FELICIDAD DONDE LA PERDISTE

Es hora de dejar ir. Es hora de dejar ir lo que ya no es, lo que dejó de ser. Dar la bienvenida a lo que será y lo que serás. También es hora de dejar ser a tu pareja quien es y será. Aunque resulte altamente complicado, déjala ir.

Cada vez que recuerdes a esa persona, llores por ella o te entristezcas por ella, no intentes mantenerla contigo de nuevo, piensa en ella y envíale amor desde ti hacia donde se encuentre. Siéntete afortunado por haber vivido una experiencia única. Él o ella vivirá por siempre en ti, formará parte de ti, eso es algo que te pertenece y nadie podrá arrebatarte, pero déjala ir. Como citó el gran poeta Jorge Luis Borges:

 “Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.”

Pero recuerda que vuestras almas no se hayan encontrado por casualidad no significa que deban estar para siempre. Las personas son circunstanciales en nuestras vidas, nos guste o no. Incluso nuestros padres, hermanos e hijos van a dejarnos algún día. Déjalo ir, déjalo fluir, es la única forma de que la belleza de las las relaciones puedan brotar como brota la belleza y el aroma de una rosa. Pero ella también nos deja, se marchita, sólo dura un periodo de tiempo limitado, por eso es perfecta, por eso es tan intensa, por su mortalidad. Por eso hemos de dejar ir el amor que ya no va, porque sino no sería tan puro, intenso y real.

Recuerda que para poder volar, para poder ascender y elevarte, antes has de liberarte de aquel equipaje que una vez te servía, te daba vida, pero que hoy no, hoy te lastra y mantiene fijo al suelo.

Ahora te encuentras frente a nuevas puertas. Abandonaste las viejas puertas que te llevaban a caminos viejos, ya transitados. Ahora te encuentras ante nuevas puertas las cuales te llevan a excitantes caminos. Prepara tu mejor sonrisa, recuerda tu relación como signo de lo que eres capaz de amar y hacer por amor, como muestra de lo que algún día podrás vivir de nuevo con otra persona. Y sobre todo, el nuevo yo que eres tras haber aprendido tanto en tu relación pasada.

¿Y tú, te has sentido atrapado alguna vez en una relación? Deja un comentario y cuéntanos qué te sirvió para salir de esa situación o si aún estás en ella.

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Comentarios (2)

Hay veces que no necesariamente eres tú quien que dejar ir y de repente te dejan ir a ti en contra de tu voluntad o planes. Hasta la relación más corta e insignificante duele en cierto modo y debemos admitir cuanto antes que somos fruto de circunstancias, que absolutamente todo tiene un porqué y hace crecer nuestra alma. A mí, personalmente, que me dejasen ir me cambió la vida y me dio libertad para hacer lo que más ganas tenía de hacer y que no podía por no sentirme apoyada por la segunda persona: coger la maleta y marcharme fuera. El caso es que, después de cagarme en los muertos de quien se lo merecía, he sabido aprender a dar gracias por los acontecimientos buenos y malos porque son los responsables de rediseñarnos en nuestro yo más puro.

Respuesta a Angela

Gracias por tu comentario Ángela, estoy de acuerdo contigo en que la gratitud y la aceptación son claves para aliviar el sufrimiento y entender una nueva forma de vernos. Un saludo ?

Ohh mi querido Ber!!tus sabias palabras me llegan al alma y tienes razón. Claro que no es fácil porque da miedo tener que tomar decisiones tan tan tan dolorosas. Para ser fiel a ti mismo hay que llevar las riendas de tu vida, a veces creo que puede que ni sepas que has perdido el control… Enhorabuena amigo, seré tu fiel seguidora y trataré de enriquecerme de tu experiencia.