NO ME ENCUENTRO MOTIVADO/A

NO ME ENCUENTRO MOTIVADO/A

Camino por mi ciudad natal, Sevilla, por mi ciudad de adopción, New York, o por cualquier parte del mundo que visito, albergando siempre la misma sensación al cabo de unas horas: todo se trata de un baile de máscaras.


Desde nuestra infancia nos transmiten un mensaje subliminal muy claro pero casi inapreciable: 


Sigue las tendencias, no inventes, no entres en conflicto, cae bien, no tomes riesgos, no seas ambicioso, confórmate, no resaltes de lo común, sigue el orden establecido…


No pienses por ti mismo. No seas tú mismo. Eso es. 


Acaba convirtiéndose en algo común, digno y lógico de un ciudadano de bien. Un baile de máscaras perfectamente organizado con la sintonía perfecta pero en el que nadie conoce el rostro del que baila frente a él, ni si quiera el suyo propio. 


El camino a seguir por la sociedad para que exista un orden, una cordialidad. 


Dicho mensaje se introduce sutilmente en nuestro subconsciente cual música de fondo mientras bailas entre los asistentes del baile de máscaras. Bailamos al son de la música coordinando un perfecto ritmo, todos al mismo son en perfecta coreografía. 


Como si nuestros pasos fuesen intuitivos y a voluntad. Pero nada por el estilo, en realidad todos han sido sugeridos e inducidos desde nuestro crecimiento. Como nuestras decisiones y objetivos. Casi todos están estandarizados. 


En lugar de habernos ayudado desde la infancia a descubrir qué nos apasiona, qué podemos hacer o qué podemos inventar que aún no lo esté, nos han educado para obedecer, para copiar y seguir a las masas. 


¿Y qué da esto como resultado? Nada


Puede parecer que no haya problema alguno sino fuese porque al cabo el tiempo, llegados a la edad adulta, tras tantos años de transigir en todos los ámbitos, llega el día en el que hacemos “click”. 


Y entonces sientes que algo ya no encaja, ya no más. La fiesta de disfraces a la que tantos años llevas asistiendo, bailando y rodeado de sonrisas ya no encaja. 


Por más que hagas, por más que cambies de atuendo o máscara, ese “click” de sabor agridulce no cambia, no funciona así. Dicho de otro modo, por más que probemos distintas estrategias para ser más eficaces, productivos, ganar más tiempo, etc, nada funciona.



¿POR QUÉ SUCEDE ESTO, QUÉ ESTÁ OCURRIENDO?


Has recibido y aceptado tantas máscaras distintas con las que interactuar desde pequeño con tu jefe, familia, amigos, etc que pierdes por completo el contacto con tu rostro original.


Y claro, las máscaras son estáticas, están muertas. No son auténticas ni inspiran. Desde que abandonaste tu niñez no tienes contacto directo con ese rostro original que acabó enterrado y olvidado bajo todas las máscaras que cubren ahora tu identidad. 


Entonces, ¿cómo no sentirse a menudo desmotivado, sin fuerza de voluntad, si ni siquiera eres tú quien ha dibujado tu vida? 


¡NO ES TU CULPA SI NO TE SIENTES MOTIVADO, NO ES TU FALTA DE VALÍA O FUERZA. ES DEBIDO A LA INCORRECTA ELECCIÓN DE AQUELLO QUE HACES!


Has elegido entre los cuatro o cinco caminos que las máscaras te mostraron, en un orden determinado, con un objetivo determinado, pero NO DETERMINADO POR TI. Ni si quiera aún te has parado a planteártelo.


Deja de castigarte por no conseguir mostrar una constante y continua fuerza de voluntad. Ya no más. No se trata de tu escasez de fuerza, tu debilidad o tu falta de valía, simplemente te han educado para que no te encuentres contigo mismo, y sin encontrar tu esencia, resulta inútil encontrar tu PORQUÉ.


ENCUENTRA TU PORQUÉ


Si el camino que llevas recorriendo desde la adolescencia ha sido prácticamente preestablecido por las máscaras o si las actividades, trabajo, pareja, sueños u objetivos no están directamente conectadas con tu esencia como ser humano, resulta totalmente imposible encontrarse motivado.



Si lo que haces no te motiva al doscientos por cien, no te hace levantarte de la cama antes de que suene el despertador ni te quita el sueño por las noches, es porque no está conectado a tu ser, no es puro. 


No te merece la pena, puede que para otros sí, pero no para ti. Puede que sí valiera la pena para ti hace diez años pero no ahora. 


Déjalo, abandónalo, no te vale para nada aunque creas que sí. Solo hallarás auténtica fuerza de voluntad y motivación cuando tu PORQUÉ haga vibrar tu alma dentro de tu cuerpo.



UN PEQUEÑO EJERCICIO PARA CORROBORARLO


No debes tomar ninguna decisión en este momento. Relájate. Todo requiere su tiempo.


No obstante, te invito a que hagas una simple tarea con la intención de comprobar en primera persona el grado en el que las limitaciones que llevas albergando son la causa inicial de tu desmotivación. Cuanto mayor es el grado de conexión con tu ser y tu PORQUÉ, mayor será el grado de motivación y fuerza de voluntad diaria. 


Comencemos:


  • Escribe cuatro acciones a las que le dedicas mayor tiempo en tu día a día. Sean del ámbito que sean. Pueden ser desde trabajar o cuidar del hogar hasta cuidar a un familiar. 


  • ¿Ya las tienes? Hora de soñar. Imagina que posees todas las posibilidades, no tienes limitación alguna,¿sí? Ahora anota cuatro acciones a las que te encantaría poder dedicar todo el tiempo posible de tu día a día. No escatimes, sueña grande. ¿Viajar?¿escribir?¿cocinar?


  • Una vez finalizadas ambas listas, anota al lado de las cuatro acciones diarias de la primera lista el porcentaje de motivación que has sentido mientras las anotabas. Repite la operación ahora sobre la segunda, las cuatro acciones sobre las desearías dedicar casi la totalidad de tu tiempo.


Como ves, el nivel de motivación producida por una lista y otra es incomparable. Obviamente, es solo una actividad de contraste con la intención de plasmar de dónde procede tu falta de compromiso, motivación y voluntad. 


No obstante, este proceso de análisis, acompañado por un trabajo serio y comprometido podría dar en pocos meses un cambio radical a tu vida.



Nadie niega que salir del baile de máscaras en el que llevamos viviendo desde bien pequeños es complicado. Pero nadie dijo que lo divino fuera sencillo, si lo fuese todo el mundo lo conseguiría. 


Es hora de despertar. Solo tenemos 24 horas en el día y, con suerte, 365 días en un año. Puedes repetir la rutina de tu día 365 veces y llamarlo un año o hacer que este pequeño paréntesis en la eternidad en el que nos encontramos merezca la pena y, entonces sí, poder llamarlo vida, TU VIDA. 


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