EL DOLOR

EL DOLOR

NO MADURAMOS CON EL PASO DE LOS AÑOS, MADURAMOS CON EL DOLOR.

(Texto editado por Ángela Morgollón )

 

Es así, puede sonar duro y tajante pero sé que asientes mientras lees. Meses, años, décadas vividas te aportan experiencias que se acumulan y te hacen madurar, nadie puede negar esto. Madurez aplicada al ámbito profesional, personal, etcétera. No obstante, es aquella experiencia realmente dolorosa, ese tipo de dolor clavado en tu pecho el que realmente te hace cambiar y madurar.

Puedes encontrar en tu día a día infinidad de niños de cuarenta años enfundando traje y corbata como auténticos adultos en cuerpos de adolescentes.

Pero permíteme decirte que nada de lo que te haya podido ocurrir en el pasado, independientemente de la profundidad y amargura del dolor que hayas experimentado, te va a acercar ni un solo centímetro a conseguir ser quien quieres ser, llegar donde quieres llegar o conseguir tu felicidad. Tal vez con suerte llamarás la atención de alguien.

Eres tú la única persona que puede sacarte de ese pozo. En realidad ya lo sabes, únicamente que asfixia aún más enfrentarte a ello de lo que ya de por sí asfixia tu dolor. Pero la vida se te va. La vida se pasa, no sabemos cuántos días o meses de vida nos quedan. Sería bastante miserable pasar este milagro llamado vida mendigando la compasión, pena y mucho menos, el amor de otra persona para aliviar el dolor que nos dejaron otros.

Comencemos ahora a cambiar esto.

EL DOLOR, TU PEOR “MEJOR AMIGO”

Permites al dolor vivir contigo durante un breve periodo de tiempo, lo común tras experimentar una situación realmente dolorosa. Es normal y necesario como seres humanos que somos, en eso no hay nada que objetar. De hecho es “tu dolor”, te pertenece y necesitas sentirlo, necesitas apreciar cómo se introduce en ti como un cuchillo y sentir cómo te desgarra.

Pero cuidado, el problema llega cuando sin darte cuenta, lo que parecía ser pasajero acaba convirtiéndose en tu compañero de vida. El problema se acrecienta aún más cuando te sientes cómodo junto a él. Se convierte para ti en ese perfecto peor “mejor amigo” sobre quien volcar la culpa de no poder alcanzar aquello que desearías:

No consigo encajar con ninguna pareja porque me quedé marcado por aquella otra persona
Desde que falleció no he podido levantar cabeza. Ya nada es lo mismo
Desde que me despidieron de aquel empleo en el que dediqué toda mi vida y esfuerzo ya no he vuelto a ser el que era

Puede que en el transcurso de este artículo puedas sentir animadversión contra estas letras, tal vez contra mí por dirigirme hacia ti de forma tan directa, incisiva y casi sin permiso. Es lógico, estamos ahondando en tu parte más privada, la zona menos transitada de tu vida y la menos conocida, pero no te preocupes, nadie está mirando, nadie te juzga. Nadie está siendo conocedor de tu dolor excepto la persona más importante de tu vida, esa de la que deberías sentir vergüenza de no estar dándole todo lo que merece: TÚ.

ES HORA DE MADURAR

El dolor, la excusa perfecta para no esforzarte, para no sufrir por aquello que no eres capaz de conseguir y la excusa perfecta para conseguir la atención de los demás sin necesidad de sufrir. Claro y conciso.

No te sientas nunca desgraciado por el daño sufrido, es hora de enfocar la situación de un modo distinto. Es hora de que abandones el victimismo y te des cuenta que eres quien eres hoy, por el daño que sufriste o sufres. Puedes pensar “pero es que duele demasiado”¡CLARO! la vida duele, no sé quién pudo contarte que no era así. Es hora de que aprendamos a vivir con el dolor.

Lo que aún no has llegado a comprender es que el dolor es una parte natural y necesaria de nuestra vida, pero nos han enseñado desde muy pequeños a evitarlo, a huir de él. Hasta que no consigas concienciarte que esto se trata de aprender a vivir con dolor cuando aparece y no huir de él, nunca habrá progreso.

Has madurado debido al daño que sufriste, no a la edad que tienes. La pareja que te abandonó, el fallecimiento de un ser querido, cualquier circunstancia traumática que hayas podido sufrir, etc.

Aún existe un dolor más fuerte que el que hayas podido experimentar: el dolor derivado de la vergüenza que provoca saber lo que te ocurre y no hacer nada.

Duele mucho la sensación de abandono y desprecio por la persona a la que amabas. De acuerdo, ponte manos a la obra. Hazlo por ti y por la persona que sí compartirá el resto de tu vida contigo, porque llegará. .Por supuesto que seguirá doliendo, pero hazlo.

Duele demasiado el ser querido que ha fallecido y te ha dejado solo. Duele más que nada en el mundo, pero ponte en marcha, hazlo por ti y por esa persona fallecida. Hazlo con dolor pero hazlo.

CÓMO SUPERARLO. TRANSFÓRMALO EN PODER.

1. IDENTIFÍCALO

Reconoce tu dolor. Identifica su forma, su color, su sabor. Dedica una tarde a verte con él cara a cara. No hablo de sufrirlo como hasta ahora, hablo de sentarte un rato con él:

Anota en tu agenda el día y la hora en la que te enfrentas a él.

  • Llegado el momento, reconócelo. Reproduce aquella canción que evoca con mayor facilidad tus lágrimas. Siente de verdad el dolor y determina cómo duele, cuánto duele, en qué momentos duele más y por qué. Disfrútalo, es tuyo, forma parte de ti y de nadie más.
  • Desnúdalo. El dolor siempre está disfrazado, camuflado (excepto cuando se trata del duelo de una persona fallecida). El motivo del dolor parece ser el causante de tu estado anímico, pero en realidad suele esconder el motivo real de tu sufrimiento.

Por ejemplo, en muchas ocasiones el dolor producido por la ruptura de un amor suele ser volcado en la pareja como el epicentro, cuando en realidad la raíz del dolor se encuentra en la soledad, en no sentirse querido, pero lo cierto es que experimentas una sensación de rechazo que en la mayoría de las ocasiones te lleva a culparte a ti: ¿qué has hecho que hizo que esa persona se fuese?¿por qué no estuviste a la altura?, etc.

Solemos buscar el problema dentro de nosotros mismos cuando no somos capaces de ver que las personas simplemente se van. Y no hay más. El dolor en sí no lo provoca la persona, sino nuestros complejos: complejo de no ser lo suficientemente buenos, de no saber ser independientes, etc. Lo más difícil de todo esto es vislumbrar que después se abre un mundo de posibilidades que habíamos olvidado por el hecho de refugiarnos en la otra persona: coge todos estos complejos y transfórmalos en dinamita. Hay una enorme batalla por delante por combatir contigo mismo que nada tiene que ver con esa persona que te dejó.

2. ACÉPTALO Y TRANSFÓRMALO EN TU MEJOR VERSIÓN.

El dolor forma parte de nuestras vidas como la alegría, el amor o cualquier otro sentimiento. Normaliza la presencia del dolor en tu vida para que sea algo pasajero y transfórmalo en tu punto de inflexión, el acelerador, tu propulsión.

Emplea el dolor sufrido en el pasado que aún permanece en ti y empléalo como fuego para comenzar el camino de tu cambio, el camino hacia la consecución del objetivo que te marques.

Puede que pienses que nada bueno procede del dolor, solo desidia, oscuridad y desesperanza, pero estás totalmente equivocado. Existen aquellos que convierten el dolor en propulsión, en el punto de inflexión que los conduce hacia su mejor versión.

Puedes reconocerlos: son aquellas personas que tienen algo especial e indescriptible en la mirada, en su ser. Aquellas que son seguidas y respetadas sin necesidad de mediar una sola palabra. Esa clase de hombre o mujer con “algo raro” en sus ojos que no consigues descifrar. Son esas personas que admiras y en las que te gustaría transformarte, te gustaría tener toda esa tenacidad que ellas tuvieron para darte un cambio de 180º y poder ser quien siempre quisiste.

No estás tan lejos de esas personas. Créeme. Ellos, como tú, conocen el dolor de primera mano y consiguieron convertirlo en fuego. Tocaron fondo, lo perdieron todo, conocieron el barro y estuvieron durante un tiempo alojados en él. No había agujero más hondo en el que caer y lo único que quedaba era treparlo con uñas y dientes. Ya no tienen miedo de nada ni nadie. Ya han estado allí y saben cómo volver a salir.

 

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